martes, 22 de noviembre de 2011

LA DONCELLA DE HIERRO - ACTO 1º - ESCENA 1



Tragedia en 5 actos obra de:
José Antonio Zapata




(Cualquier parecido con la realidad, excepto la atribución de los murales a José Clemente Orozco, sería mera coincidencia espacio-temporal)
Intérpretes por orden de aparición:
José Clemente Orozco (Narrador) - Guía del Instituto Cabañas (2011)
Tucita Hospiciana (1809) - Tucita Fresa (2011)
 Coro de Beatas (1809) - Coro de Turistas (2011)
Prior del Hospicio (1809) - Capitán de Policía (2011)
Miguel Roto (1809) - Miguel Zeta (2011)
Coro de Zetas (2011) - Coro de Policías (2011)

ACTO 1º - ESCENA 1
NARRADOR
(Los focos encuadran al narrador, que no es otro que el muralista José Clemente Orozco, y mientras habla se van pasando lentamente en una pantalla situada sobre él de los murales que se encuentra pintando)
- Como pueden ver ustedes nos encontramos bajo la bóveda del Instituto Cultural, en Guadalajara -Estado de Jalisco-, que antes fue el Hospicio del Obispo Cabañas, el edificio colonial más grande edificado, con 23 patios, y tras de la Revolución me han encargado decorar con murales laicos lo que antes fue una iglesia…


(Las luces se desplazan hasta una “doncella de hierro” reclinada, dentro de la cual agoniza una muchacha mientras se desangra, el artilugio comienza a levantarse mientras la joven comienza su monólogo)
TUCITA
- Cada vez me siento más débil, me debí de desmayar durante las torturas y me dieron por muerta….
NARRADOR
- En tiempos esto fue un templo católico al más puro estilo colonial, con su crucero, su tambor y su bóveda, y es seguro que sus muros de piedra guardan muchos secretos, tal vez también hubiera un baldaquín donde hoy tengo ubicado el andamiaje, imitación del de San Pedro de Roma.
TUCITA
- Triste el destino de la mujer en estas tierras desde tiempos que se pierden en la memoria… Un gran respeto para la madre ¡Ni la mientes! Pero ninguno para la esposa, la hermana o la hija. Y menos para una hospiciana que ha cometido el grave pecado de quedarse embarazada. Los mismos que cometieron el delito de arrancarle con chanzas y bendiciones su pureza pretenden lavar y ocultar sus bajezas quitándole al hijo que anidaba en sus entrañas.
¿Sería también igual cuando los aztecas? Se habla que hacían sacrificios humanos… ¡Qué era de extrema crueldad! Pero, ¿qué es esto que han hecho conmigo los que se autodenominan piadoso cristianos?... Todo por no dar a torcer mi voluntad. A las princesas mexhicans las envolvían en sedas, las perfumaban con ricas fragancias, las daban a beber el néctar de los dioses y las cubrían con pétalos de flores, antes de arrancarlas el corazón que debía palpitar en las manos del Gran Chamán para que los ruegos a Tlaloc pudieran ser efectivos. ¿Sentirían dolor cuando el cuchillo de piedra de obsidiana penetrara en sus carnes formando un semicírculo por debajo de sus costillas o el ardor de su entrega las situaría más allá del sentimiento mientras las salmodias coreadas por mil voces enajenadas ahogaban sus gritos?
Morir desangrada es al menos plácido, sientes que poco a poco se te va yendo la vida con el mismo hilo que va dejando vacías tus venas.

2 comentarios:

  1. Maravilloso, interesante, fascinante y siempre actual obra de teatro, que seguiré con verdadera pasión hasta el final.
    Besos

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  2. Es tan actual que no está acabada de escribir, jajajaja Pero ya te puedes imaginar que si se trata de una tragedía si la cosa empieza mal es muy probable que terminé aún peor. Besos

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