lunes, 28 de noviembre de 2011

LA DONCELLA DE HIERRO - ACTO 2º - ESCENA 1

ACTO 2º
ACTO 2º - ESCENA 1
(Patio de entrada al Instituto Cultural con vista de la fachada y la cúpula, están en escena el Coro de Turistas, que parecen por sus vestimentas de procedencia europea)
 

CORO DE TURISTAS
- ¡Linda comida acompañada de mariachis!
TURISTA 1
- Eso estuvo bien, pero no nos debió de dejar solas el representante del tour por esas calles…
TURISTA 2
- Se nos nota a la legua que somos extrajeras, y a un país que vive en parte del turismo no le interesa para nada que se sientan molestos los visitantes.
TURISTA 3
- Esas son buenas razones para que la policía patrulle de continuo las calles, pero los descuideros no van a andarse con remilgos ni pedir pasaportes si tienen la oportunidad de pillar algo.
TURISTA 4
- Nos hemos cruzado con algunos con unas pintas que ponen los pelos como escarpias.
TURISTA 2
- También con familias con niños, en cualquier lugar hay de todo.
TURISTA 1
- Hemos pasado un poco miedo pero ha sido toda una experiencia, ¡carallo!
TURISTA 2
- La Casa de la Plata cuantas preciosidades atesora. ¡Oh, la la!
TURISTA 3
- Con este clima tan precioso podían poner terrazas coma allá en la Europa meridional.
TURISTA 4
- No pueden ponerlas porque nadie se hace responsable de lo que pueda pasar en la calle. Y eso que las patrulla la policía a todas horas…
TURISTA 1
- Ese es el problema, que el gobierno no se hace responsable de lo que pueda hacer la policía, se comenta que la mayoría son corruptos
CORO DE TURISTAS
- ¡Hala!
TURISTA 4
- Habrá de todo, como en cualquier parte, en cada casa cuecen habas y en la mía a calderadas.
TURISTA 3
- Por eso en la puerta de la joyería había vigilantes de una empresa privada con escopetas de repetición y el dedo en el gatillo.
TURISTA 2
-Pero en el bistró tuvimos buena música, jajajaja
TURISTA 3
- Y un buen regalo que gracias a una sustanciosa propina nos hizo el camarero -y abre la mano mostrando un puñadito de hierba.
TURISTA 2
- Si le añadimos un poco de tabaco rubio se pueden hacer dos porros…
TURISTA 4
- Estamos esperando al guía del Museo.
TURISTA 2
- Así amenizamos le espera, aquí el sentido del tiempo es diferente, más lento - y se ponen a la labor.
TURISTA 1
- No está mal.
TURISTA 4
- Está muy bien.
TURISTA 2
- Me da hasta por ponerme a bailar.
(Se ponen a danzar en corro imitando un jarabe tapatío, por la derecha aparece Tucita Fresa, con un cuaderno de apuntes bajo el brazo)

jueves, 24 de noviembre de 2011

LA DONCELLA DE HIERRO - ACTO 1º - ESCENA 2

ACTO 1º - ESCENA 2
(Desde el fondo del escenario aparece el Coro de Beatas con velos negros que les llegan hasta por debajo de la cintura)
CORO DE BEATAS
- Hay que dejarlo todo limpio
¡Cuánto sangran estas condenadas
Que no quieren arrepentirse!
(El Prior aparece desde el fondo del Patio de Butacas, viste una raída sotana negra manchada de sangre, lleva un cubo en una mano y un hisopo rojo en la otra con la que va repartiendo confetis rojos a diestro y siniestro entre los espectadores del patio de butacas mientras salmodia:)
PRIOR
- ¡Sean ustedes bendecidas, almas apenadas, in nominen patri, in nominen filio, in nomine spiritu sancti!- (En lo que llega hasta el escenario y cambiando el tono de voz y dirigiéndose a las Beatas) -¿Todavía así? Hay que dejar todo esto limpio, dentro de pocas horas tendremos Misa Mayor con la asistencia de las más preclaras personalidades del Virreinato.
(Desde un lateral, que se supone que es el exterior irrumpe Miguel Roto con un carrito)
MIGUEL ROTO
- ¡A los buenos días!
PRIOR
- (Sorprendido) ¿Cómo tan pronto?
MIGUEL ROTO
- Son ya las seis de la mañana, les traigo la bollería para el desayuno, pasé toda la noche en el obrador… -(detiene su plática porque de pronto se da cuenta de la escena que está contemplando y se queda alucinado, las Beatas se cubren con los velos y se intentan esconder por los rincones) - ¿Qué es esto?
PRIOR
- No es lo que parece, Miguel -carraspea-, ya sabes que algunas de nuestras hospicianas tienen accesos de locura y hay que someterlas a un tratamiento severo.
MIGUEL ROTO
- ¿Esto es obra de un médico?
PRIOR
- En cuestiones espirituales nos ocupamos de los casos los médicos del alma…
MIGUEL ROTO
- Querrá decir los degolladores, ¡qué espanto! -se va acercando hacia la “doncella de hierro” - Pero, si es Tucita, ¡la chica más bella y encantadora que había en el Hospicio!- dice al reconocerla, y mientras la besa una mano dos lágrimas ruedan por las mejillas del muchacho.
PRIOR
- Tú no entiendes nada, no olvides que eres un pordiosero y que sigues malviviendo gracias a nuestra beneficencia, y será mejor que olvides todo lo que has visto si quieres seguir colaborando con nuestra obra…
MIGUEL ROTO
- ¡Esto es un asesinato!
PRIOR
- ¡Calla! -y ahora emplea el hisopo con tono amenazante con intención de golpearle en la cabeza.
MIGUEL ROTO
- ¡Dios Santo, detén su mano, que esta noche no haya en tu casa más pecados!
PRIOR
- Noto que tu alma está convulsa, te tomaré en confesión y además de la absolución recibirás una propina extra por tus servicios a la santa Madre Iglesia.
(Miguel duda mientras el Coro de Beatas le rodea)
CORO DE BEATAS
- ¡Estás en la Casa de Dios!
¡No blasfemes!
¡Todo cuánto se hace aquí
Es designio de su Obra!
MIGUEL ROTO
- No me van a asustar cuatro guarras beatas - las señala el muchacho apuntándolas con el dedo índice en tono amenazante.
PRIOR
- ¡Haya paz! ¡Dejen en paz al muchacho y continúen con lo suyo, y acaben de una vez…!, después se podrán tomar un buen tazón de chocolate acompañado de las tortas que ha traído esté buen feligrés, y ahora salgan que todavía me queda tratar algunos negocios privados con él.
(Las mujeres obedecen, y mientras se van llevando el artilugio en que reposa Tucita, se dirige a Miguel en un tono amable: )
- No creo que te importara esta Tucita más que cualquiera de las otras de las que fuiste compañero aquí…
MIGUEL ROTO
- Era muy dulce y sencilla…
PRIOR
- Tal vez más bien la cuadraría simple, pretendía que la tomara confesión el Cura Hidalgo, ¡Ese Anticristo! Pero, dejemos este enojoso asunto y vayamos a nuestro otro negocio: ¿Has traído la otra “bollería”?
MIGUEL ROTO
- Se refiere a los hongos… son peligrosos.
PRIOR
- Ya, pero aquí los utilizamos en la botica como medicina… Para templar algunos temperamentos exaltados.
MIGUEL ROTO
- Como los utilicen no es mi problema, pero me costó mucho trabajo conseguirlos.
PRIOR
- Siempre igual, tratando de obtener el mayor beneficio. Eres bien pícaro, por eso volaste pronto de esta Casa que te acogió…
MIGUEL ROTO
- Algunos de sus seminaristas se mostraban demasiado cariñosos.
PRIOR
- En la Viña del Señor hay de todo.
MIGUEL ROTO
- Y para todos los gustos.
PRIOR
- Dejémonos de platicas y regateos, te pagaré el doble de lo convenido.. y de paso te olvidas de esta malhadada madrugada. Sin duda hubieras llegado a ser un buen clérigo.
(Miguel Roto le entrega algo envuelto en un mugriento pañuelo)
- Toma tus treinta pesos de plata.
MIGUEL ROTO
- La cantidad me recuerda algún caso que nos contaron en sus catequesis...
PRIOR
- Se trata de que hagas por no recordar, ¡no lo olvides!
(La luz se desplaza ahora hasta el Narrador, que ha permanecido todo el tiempo en lo alto de su andamiaje)
NARRADOR
- Con todos los fantasmas que se mueven bajo estas bóvedas no es nada extraño que la inspiración me de fuerzas para iluminarlas con rapidez aunque sólo tenga una mano. Cuando se producían estas escenas estaba a punto de pronunciarse el grito de Independencia, a cargo del sacerdote Miguel Hidalgo, en un lugar no muy lejano: el Palacio Presidencial, y como consecuencia se produciría una cruenta guerra, que haría, como es habitual en todas, que se incrementara el número de huérfanos y que los hospicios tuvieran una mayor afluencia de acogidos.
(Se apagan las luces y en la penumbra se cambia el decorado, para que pueda comenzar el: )

martes, 22 de noviembre de 2011

LA DONCELLA DE HIERRO - ACTO 1º - ESCENA 1



Tragedia en 5 actos obra de:
José Antonio Zapata




(Cualquier parecido con la realidad, excepto la atribución de los murales a José Clemente Orozco, sería mera coincidencia espacio-temporal)
Intérpretes por orden de aparición:
José Clemente Orozco (Narrador) - Guía del Instituto Cabañas (2011)
Tucita Hospiciana (1809) - Tucita Fresa (2011)
 Coro de Beatas (1809) - Coro de Turistas (2011)
Prior del Hospicio (1809) - Capitán de Policía (2011)
Miguel Roto (1809) - Miguel Zeta (2011)
Coro de Zetas (2011) - Coro de Policías (2011)

ACTO 1º - ESCENA 1
NARRADOR
(Los focos encuadran al narrador, que no es otro que el muralista José Clemente Orozco, y mientras habla se van pasando lentamente en una pantalla situada sobre él de los murales que se encuentra pintando)
- Como pueden ver ustedes nos encontramos bajo la bóveda del Instituto Cultural, en Guadalajara -Estado de Jalisco-, que antes fue el Hospicio del Obispo Cabañas, el edificio colonial más grande edificado, con 23 patios, y tras de la Revolución me han encargado decorar con murales laicos lo que antes fue una iglesia…


(Las luces se desplazan hasta una “doncella de hierro” reclinada, dentro de la cual agoniza una muchacha mientras se desangra, el artilugio comienza a levantarse mientras la joven comienza su monólogo)
TUCITA
- Cada vez me siento más débil, me debí de desmayar durante las torturas y me dieron por muerta….
NARRADOR
- En tiempos esto fue un templo católico al más puro estilo colonial, con su crucero, su tambor y su bóveda, y es seguro que sus muros de piedra guardan muchos secretos, tal vez también hubiera un baldaquín donde hoy tengo ubicado el andamiaje, imitación del de San Pedro de Roma.
TUCITA
- Triste el destino de la mujer en estas tierras desde tiempos que se pierden en la memoria… Un gran respeto para la madre ¡Ni la mientes! Pero ninguno para la esposa, la hermana o la hija. Y menos para una hospiciana que ha cometido el grave pecado de quedarse embarazada. Los mismos que cometieron el delito de arrancarle con chanzas y bendiciones su pureza pretenden lavar y ocultar sus bajezas quitándole al hijo que anidaba en sus entrañas.
¿Sería también igual cuando los aztecas? Se habla que hacían sacrificios humanos… ¡Qué era de extrema crueldad! Pero, ¿qué es esto que han hecho conmigo los que se autodenominan piadoso cristianos?... Todo por no dar a torcer mi voluntad. A las princesas mexhicans las envolvían en sedas, las perfumaban con ricas fragancias, las daban a beber el néctar de los dioses y las cubrían con pétalos de flores, antes de arrancarlas el corazón que debía palpitar en las manos del Gran Chamán para que los ruegos a Tlaloc pudieran ser efectivos. ¿Sentirían dolor cuando el cuchillo de piedra de obsidiana penetrara en sus carnes formando un semicírculo por debajo de sus costillas o el ardor de su entrega las situaría más allá del sentimiento mientras las salmodias coreadas por mil voces enajenadas ahogaban sus gritos?
Morir desangrada es al menos plácido, sientes que poco a poco se te va yendo la vida con el mismo hilo que va dejando vacías tus venas.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Bertold Brecht - Madre Coraje y sus hijos

Esta obra teatral es un auténtico alegato antibelicista y, por tanto, su vigencia es intemporal.
"En la última guerra hubo vencidos y vencedores,
entre los vencidos el pueblo llano pasaba hambre,
entre los vencedores el pueblo llano...
la pasó también!"



La famosa frialdad de Brecht, (en realidad el distanciamiento con el que en algunos momentos corta la acción para que el espectador reflexione), provoca a lo largo de esta obra impactos de tremenda emotividad. Brecht no elige a una típica "pobre madre" a la hora de analizar la guerra y sus estragos, sino a una madre aparentemente astuta y curtida que representa lo que muchos alemanes, fascinados en aquellos momentos por Hitler, esperaban de la capacidad de rapiña del canciller.

Por ejemplo, Madre Coraje, sencilla vendedora ambulante en el marco de la guerra de los Treinta Años entre católicos y protestantes en el centro de Europa, argumenta: "No dejaré que me habléis mal de la guerra. Dicen que destruye a los débiles, pero ésos revientan también en la paz. Lo único que pasa es que la guerra alimenta mejor a sus hijos"

La historia se inicia en el momento en que unos reclutadores se llevan a los dos hijos varones que acompañan a Madre Coraje con el carro; uno, de gran valentía, para soldado de cuerpos de riesgo; otro, cobardica, para la administración. Ella queda únicamente con su hija muda Kattrin y sigue su peregrinar, preocupada únicamente de que la guerra pueda acabar súbitamente y la deje con el carro lleno de mercancías que no haya podido colocar.
 

Poco a poco, no obstante, según la guerra se va prolongando años y años, su carro acaba casi vacío y ella observa que tampoco a la gente le queda nada con lo que poder comprar o cambiar lo que ella lleva. El hijo cobarde realiza un desfalco y acaba muerto por sus propio ejército. El hijo valiente es acusado de un acto de pillaje e igualmente ejecutado. Kattrin es herida y su cara queda desfigurada.

En el último y más emocionante cuadro, mientras Madre Coraje está en la ciudad sitiada, una tropa se acerca por sorpresa para atacar por la noche. Con el objetivo de avisarles, Kattrin coge un tambor que lleva en el carro y se sube a un alto tocándolo lo más fuerte que puede. Los soldados asaltantes le disparan varias veces y finalmente la matan, pero consigue que los de la ciudad se pongan en alerta.